Basics
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Cuánto cuesta un kiosco de autoservicio en España
Cuánto cuesta un kiosco de autoservicio en España


Cuando un hostelero pregunta cuánto cuesta un kiosco de autoservicio, casi siempre está haciendo la pregunta equivocada. No porque el precio no importe, sino porque bajo la palabra "kiosco" se venden aparatos que no tienen nada que ver entre sí. Hay kioscos de setecientos euros y kioscos de cuatro mil quinientos, y por fuera se parecen lo suficiente como para que en una foto no sepas cuál es cuál.
La pregunta buena es otra: ¿cuál de estos aguanta mi local? Porque un kiosco no es un cartel bonito, es una máquina que va a trabajar todos los servicios, todos los días, con cientos de personas tocándola. Y ahí es donde se separan las gamas.
Lo que le pides a un kiosco sin darte cuenta
Piensa en el sitio donde lo vas a poner. Está encendido todas las horas que abres, sin apagarse. Lo tocan cientos de dedos al día, muchos con prisa, con las manos grasientas o mojadas. Está a un metro de la freidora o de la puerta de la calle, con el calor, la humedad y el vaho que eso implica. Alguien le va a dar un golpe con una silla. Alguien le va a apoyar un vaso encima.
Eso no es un ordenador de oficina. Es material de hostelería, como una plancha o un lavavajillas. Y como con la plancha, la diferencia entre la barata y la buena no se ve el primer día: se ve en marzo.

Catorce horas encendido, sol directo y cientos de usos al día. Aquí es donde se nota de qué gama es un kiosco.
Las tres gamas que te vas a encontrar
Por debajo de 1.500 €: la gama que sale cara
Es la que más se anuncia y la que más disgustos da. Por ese precio se puede montar un kiosco, sí, pero se monta con componentes de electrónica de consumo metidos en una carcasa con forma de kiosco.
Lo que pasa después es siempre parecido:
La pantalla se desajusta. Empieza a no registrar los toques en las esquinas o a leer uno donde el cliente ha dado otro. El cliente se pelea con la máquina, se cansa y se va al mostrador. Justo lo contrario de lo que compraste.
Se calienta y se ralentiza. Un equipo pensado para trabajar tres horas no lleva bien estar catorce encendido en un local a treinta grados.
No hay servicio técnico aquí. Muchos de estos equipos vienen de importación directa. La garantía existe sobre el papel, pero cuando falla no tienes a quién llamar, y menos alguien que se plante en tu local.
El software va por su cuenta. Suele venderse la máquina pelada y ya te buscarás la vida para conectarla con tu TPV, que es precisamente la parte difícil.
El resultado es que ahorras mil euros en la compra y los pierdes el primer viernes que el kiosco se queda tonto en plena hora punta.
Entre 2.000 y 3.000 €: la gama de trabajo
Aquí ya estamos hablando de equipos concebidos para estar encendidos todo el día. Pantalla táctil capacitiva de verdad, componentes con recorrido, chasis que aguanta un golpe y, sobre todo, alguien detrás que responde cuando llamas.
Es una gama honesta y para muchos locales es suficiente. Encaja bien si tienes un turno fuerte al día, un volumen razonable y el kiosco va a ser un apoyo al mostrador más que el canal principal por donde entran los pedidos.
Gama alta: a partir de unos 3.000 €
Aquí el equipo está homologado y probado con el software que va a correr dentro, que es una diferencia que no se ve en la ficha técnica pero se nota todos los días. Son máquinas de fabricantes con nombre, pensadas para uso intensivo y con repuestos disponibles dentro de unos años.
Qué te llevas al subir a esta gama:
Pantalla que sigue respondiendo igual después de miles de servicios.
Chasis y anclaje pensados para un local con gente y prisas.
Cobro con tarjeta resuelto de serie, con terminal de pago homologado.
Garantía seria y técnico que va a tu local si hay avería. Un kiosco parado en hora punta no se arregla por chat.
Si el kiosco va a ser la puerta de entrada principal de tus pedidos, esta es la gama. No es gastar más: es no comprar dos veces.
Las tres gamas de un vistazo
Gama | Qué te encuentras | Para quién |
|---|---|---|
Menos de 1.500 € | Pantalla que se desajusta, equipo que se calienta, sin servicio técnico en España y software por tu cuenta | Para nadie, en realidad |
2.000 – 3.000 € | Pantalla capacitiva, componentes con recorrido, chasis que aguanta y alguien que responde cuando llamas | Un turno fuerte al día, con el kiosco como apoyo al mostrador |
Desde 3.000 € | Equipo homologado y probado con su software, fabricantes con nombre, repuestos a años vista y técnico que va al local | Quien va a hacer del kiosco la entrada principal de sus pedidos |
La cuenta que casi nadie hace
Cuando comparas presupuestos, comparas el precio de la máquina, porque es el número que está a la vista. Pero el coste real de un kiosco no está en lo que pagas: está en lo que te cuesta el día que no funciona.
Haz el ejercicio con tu local. Un servicio de mediodía perdido, con la cola sin absorber y la gente dándose la vuelta en la puerta. Multiplícalo por las veces que puede pasar en un año con un equipo que no aguanta. Súmale las horas que tu equipo se pasa reiniciando el trasto y pidiendo perdón. Ese número se come la diferencia de precio entre gamas mucho antes de lo que parece.
Por eso lo barato sale caro. No es una frase hecha: es que la partida importante no está en la factura de compra.
Un buen kiosco falla menos que una baja imprevista
Que quede claro, porque esto se malinterpreta rápido: el kiosco no sustituye a tu equipo. No va a atender a la señora que quiere que le expliques el menú del día ni va a sacar los platos.
Lo que sí hace es no fallarte. Trabaja todos los servicios sin bajas, sin cambios de turno y sin que haya que formar a nadie cada vez que entra alguien nuevo. Está ahí a las doce y a las cuatro igual. Y si algún día se estropea, hay un técnico y una garantía detrás, que es más de lo que puedes decir de casi cualquier otro imprevisto de un local.
Pero eso solo es cierto con un equipo bueno. Con uno barato tienes lo peor de los dos mundos: ni la fiabilidad de la máquina, ni el criterio de una persona.
No hace falta pagarlo de golpe
Es el motivo por el que mucha gente acaba comprando por debajo de lo que necesita: mira el desembolso inicial y elige la gama que le cabe hoy en la caja, no la que le conviene.
Se puede hacer de otra manera. Existe la compra directa, la cuota mensual y también opciones de financiación para repartir el equipo en el tiempo. La recomendación es simple: elige primero la gama que aguanta tu local y luego decide cómo la pagas, no al revés. Cambiar la forma de pago es fácil; cambiar un kiosco que no sirve, no.
Dónde encajamos nosotros
Hasta aquí, el criterio para elegir. A partir de este punto te contamos de dónde venimos, para que sepas con quién estás hablando.
En Foodlus el software es lo nuestro. Llevamos años haciendo pedidos y pagos para hostelería, y el kiosco es una pieza más de eso. Y no te dejamos a medias con el resto: te llevamos también el hardware, de la mano de los mejores fabricantes del mercado, y el terminal de pago con el que vas a cobrar.
Ese terminal lo conectamos con tu propio banco, y esto importa más de lo que parece. Significa que las comisiones de cada cobro son las que tú ya tienes negociadas con tu banco, y ninguna más: nosotros no nos llevamos un porcentaje de tus tickets. Es una diferencia que no se ve el día que firmas y se nota todos los meses.
Así que en lugar de ir detrás de tres proveedores, uno para la máquina, otro para el software y otro para el cobro, tienes una sola conversación y un solo responsable el día que algo falla.
Esto es lo que hace nuestro kiosco:
Venta cruzada con inteligencia artificial. El kiosco propone la bebida o el postre que encaja con lo que el cliente acaba de elegir, no la misma sugerencia genérica para todos. Es la diferencia entre una máquina que apunta pedidos y una que vende, y ahora mismo no hay otro kiosco en España que lo haga.
Aviso al cliente cuando su pedido está listo, por pantalla o por WhatsApp. Se acabó cantar números por encima del ruido y se acaba la gente amontonada en el mostrador esperando.
Cobro con tarjeta en el propio kiosco, con el terminal de pago que te instalamos nosotros conectado a tu banco, para que el cliente cierre su pedido sin pasar por caja.
Carta traducida hasta a doce idiomas, que en zona de turismo le quita a tu equipo media jornada de hacer de intérprete.
Integración con tu TPV. Foodlus no es un TPV ni quiere serlo: se conecta al que ya tienes para que los pedidos entren en tu sistema de siempre y no acabes con dos cajas descuadradas al cierre. Puedes comprobar el tuyo en la lista de TPV integrados con Foodlus.
Instalado y funcionando en una semana, con la carta montada.
Y una cosa que decimos siempre: con un kiosco basta para empezar. Ponlo, mide un par de meses de verdad y luego decides si amplías. Tienes el detalle completo en la página del kiosco de autoservicio de Foodlus.

El kiosco propone la bebida que encaja con lo que el cliente acaba de elegir. Un camarero que nunca se olvida de ofrecer.
Cinco preguntas antes de firmar nada
¿Quién viene si se avería, y en cuánto tiempo?
¿El equipo está probado con el software que va a llevar dentro, o son dos cosas de proveedores distintos?
¿Está integrado con mi TPV, con clientes reales funcionando?
¿Qué garantía tiene y qué cubre exactamente?
¿Puedo cambiar precios y platos yo mismo, sin depender de nadie?
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cuesta un kiosco de autoservicio?
Depende de la gama. Por debajo de 1.500 € encontrarás equipos que a la larga dan problemas; entre 2.000 y 3.000 € está la gama de trabajo; y de unos 3.000 € en adelante, la gama alta homologada. A eso hay que sumarle el software, que va por cuota mensual, y la instalación.
¿Merece la pena empezar por uno barato para probar?
Es lo que más veces sale mal. Si el equipo falla, la conclusión que sacas no es "he comprado mal", es "los kioscos no funcionan en mi local", y descartas la idea por culpa de la máquina. Sale mejor empezar con un kiosco bueno que con tres malos.
¿Hay financiación?
Sí. Se puede comprar el equipo, ir por cuota mensual o financiarlo. Lo hablamos según lo que te encaje.
¿Qué comisiones os lleváis de los cobros del kiosco?
Ninguna. El terminal de pago lo conectamos con tu banco, así que las comisiones de cada cobro son las que ya tienes negociadas con él y nada más.
¿Tengo que buscarme yo la máquina por mi cuenta?
No. Te llevamos el software, el hardware y el terminal de pago, y lo dejamos todo funcionando junto. Un solo interlocutor.
¿Cuántos kioscos necesito?
Con uno basta para empezar. Mide qué pasa con tus colas y tu ticket medio durante un par de meses y decide después.
¿Funciona sin internet?
No. Necesita conexión, y recomendamos siempre cable en lugar de wifi: el wifi de un local lleno de móviles ajenos falla justo en hora punta.
¿Tengo que cambiar de TPV?
No. Se conecta al que ya tienes.
¿Y si se avería?
Depende del proveedor, y es de las cosas más importantes que preguntar antes de firmar. Lo que te interesa es que vaya un técnico a tu local, no que te atiendan solo por teléfono.
¿Y los clientes mayores, sabrán usarlo?
El kiosco no obliga a nadie. Quien prefiera pedir en barra, pide en barra. Lo habitual es que el kiosco absorba a los que tienen prisa y te libere el mostrador para atender bien a quien quiere que le atiendan.
Ven a verlo antes de decidir
Todo esto se entiende mucho mejor con el kiosco delante. En una demo te enseñamos las gamas, cómo funciona la venta cruzada con una carta como la tuya y cómo entran los pedidos en tu TPV, y salimos con un número cerrado para tu caso.
Agenda una demo con nosotros y lo vemos con tu carta y tu local encima de la mesa.
Escrito por Arnau Rosell, CEO de Foodlus
Cuando un hostelero pregunta cuánto cuesta un kiosco de autoservicio, casi siempre está haciendo la pregunta equivocada. No porque el precio no importe, sino porque bajo la palabra "kiosco" se venden aparatos que no tienen nada que ver entre sí. Hay kioscos de setecientos euros y kioscos de cuatro mil quinientos, y por fuera se parecen lo suficiente como para que en una foto no sepas cuál es cuál.
La pregunta buena es otra: ¿cuál de estos aguanta mi local? Porque un kiosco no es un cartel bonito, es una máquina que va a trabajar todos los servicios, todos los días, con cientos de personas tocándola. Y ahí es donde se separan las gamas.
Lo que le pides a un kiosco sin darte cuenta
Piensa en el sitio donde lo vas a poner. Está encendido todas las horas que abres, sin apagarse. Lo tocan cientos de dedos al día, muchos con prisa, con las manos grasientas o mojadas. Está a un metro de la freidora o de la puerta de la calle, con el calor, la humedad y el vaho que eso implica. Alguien le va a dar un golpe con una silla. Alguien le va a apoyar un vaso encima.
Eso no es un ordenador de oficina. Es material de hostelería, como una plancha o un lavavajillas. Y como con la plancha, la diferencia entre la barata y la buena no se ve el primer día: se ve en marzo.

Catorce horas encendido, sol directo y cientos de usos al día. Aquí es donde se nota de qué gama es un kiosco.
Las tres gamas que te vas a encontrar
Por debajo de 1.500 €: la gama que sale cara
Es la que más se anuncia y la que más disgustos da. Por ese precio se puede montar un kiosco, sí, pero se monta con componentes de electrónica de consumo metidos en una carcasa con forma de kiosco.
Lo que pasa después es siempre parecido:
La pantalla se desajusta. Empieza a no registrar los toques en las esquinas o a leer uno donde el cliente ha dado otro. El cliente se pelea con la máquina, se cansa y se va al mostrador. Justo lo contrario de lo que compraste.
Se calienta y se ralentiza. Un equipo pensado para trabajar tres horas no lleva bien estar catorce encendido en un local a treinta grados.
No hay servicio técnico aquí. Muchos de estos equipos vienen de importación directa. La garantía existe sobre el papel, pero cuando falla no tienes a quién llamar, y menos alguien que se plante en tu local.
El software va por su cuenta. Suele venderse la máquina pelada y ya te buscarás la vida para conectarla con tu TPV, que es precisamente la parte difícil.
El resultado es que ahorras mil euros en la compra y los pierdes el primer viernes que el kiosco se queda tonto en plena hora punta.
Entre 2.000 y 3.000 €: la gama de trabajo
Aquí ya estamos hablando de equipos concebidos para estar encendidos todo el día. Pantalla táctil capacitiva de verdad, componentes con recorrido, chasis que aguanta un golpe y, sobre todo, alguien detrás que responde cuando llamas.
Es una gama honesta y para muchos locales es suficiente. Encaja bien si tienes un turno fuerte al día, un volumen razonable y el kiosco va a ser un apoyo al mostrador más que el canal principal por donde entran los pedidos.
Gama alta: a partir de unos 3.000 €
Aquí el equipo está homologado y probado con el software que va a correr dentro, que es una diferencia que no se ve en la ficha técnica pero se nota todos los días. Son máquinas de fabricantes con nombre, pensadas para uso intensivo y con repuestos disponibles dentro de unos años.
Qué te llevas al subir a esta gama:
Pantalla que sigue respondiendo igual después de miles de servicios.
Chasis y anclaje pensados para un local con gente y prisas.
Cobro con tarjeta resuelto de serie, con terminal de pago homologado.
Garantía seria y técnico que va a tu local si hay avería. Un kiosco parado en hora punta no se arregla por chat.
Si el kiosco va a ser la puerta de entrada principal de tus pedidos, esta es la gama. No es gastar más: es no comprar dos veces.
Las tres gamas de un vistazo
Gama | Qué te encuentras | Para quién |
|---|---|---|
Menos de 1.500 € | Pantalla que se desajusta, equipo que se calienta, sin servicio técnico en España y software por tu cuenta | Para nadie, en realidad |
2.000 – 3.000 € | Pantalla capacitiva, componentes con recorrido, chasis que aguanta y alguien que responde cuando llamas | Un turno fuerte al día, con el kiosco como apoyo al mostrador |
Desde 3.000 € | Equipo homologado y probado con su software, fabricantes con nombre, repuestos a años vista y técnico que va al local | Quien va a hacer del kiosco la entrada principal de sus pedidos |
La cuenta que casi nadie hace
Cuando comparas presupuestos, comparas el precio de la máquina, porque es el número que está a la vista. Pero el coste real de un kiosco no está en lo que pagas: está en lo que te cuesta el día que no funciona.
Haz el ejercicio con tu local. Un servicio de mediodía perdido, con la cola sin absorber y la gente dándose la vuelta en la puerta. Multiplícalo por las veces que puede pasar en un año con un equipo que no aguanta. Súmale las horas que tu equipo se pasa reiniciando el trasto y pidiendo perdón. Ese número se come la diferencia de precio entre gamas mucho antes de lo que parece.
Por eso lo barato sale caro. No es una frase hecha: es que la partida importante no está en la factura de compra.
Un buen kiosco falla menos que una baja imprevista
Que quede claro, porque esto se malinterpreta rápido: el kiosco no sustituye a tu equipo. No va a atender a la señora que quiere que le expliques el menú del día ni va a sacar los platos.
Lo que sí hace es no fallarte. Trabaja todos los servicios sin bajas, sin cambios de turno y sin que haya que formar a nadie cada vez que entra alguien nuevo. Está ahí a las doce y a las cuatro igual. Y si algún día se estropea, hay un técnico y una garantía detrás, que es más de lo que puedes decir de casi cualquier otro imprevisto de un local.
Pero eso solo es cierto con un equipo bueno. Con uno barato tienes lo peor de los dos mundos: ni la fiabilidad de la máquina, ni el criterio de una persona.
No hace falta pagarlo de golpe
Es el motivo por el que mucha gente acaba comprando por debajo de lo que necesita: mira el desembolso inicial y elige la gama que le cabe hoy en la caja, no la que le conviene.
Se puede hacer de otra manera. Existe la compra directa, la cuota mensual y también opciones de financiación para repartir el equipo en el tiempo. La recomendación es simple: elige primero la gama que aguanta tu local y luego decide cómo la pagas, no al revés. Cambiar la forma de pago es fácil; cambiar un kiosco que no sirve, no.
Dónde encajamos nosotros
Hasta aquí, el criterio para elegir. A partir de este punto te contamos de dónde venimos, para que sepas con quién estás hablando.
En Foodlus el software es lo nuestro. Llevamos años haciendo pedidos y pagos para hostelería, y el kiosco es una pieza más de eso. Y no te dejamos a medias con el resto: te llevamos también el hardware, de la mano de los mejores fabricantes del mercado, y el terminal de pago con el que vas a cobrar.
Ese terminal lo conectamos con tu propio banco, y esto importa más de lo que parece. Significa que las comisiones de cada cobro son las que tú ya tienes negociadas con tu banco, y ninguna más: nosotros no nos llevamos un porcentaje de tus tickets. Es una diferencia que no se ve el día que firmas y se nota todos los meses.
Así que en lugar de ir detrás de tres proveedores, uno para la máquina, otro para el software y otro para el cobro, tienes una sola conversación y un solo responsable el día que algo falla.
Esto es lo que hace nuestro kiosco:
Venta cruzada con inteligencia artificial. El kiosco propone la bebida o el postre que encaja con lo que el cliente acaba de elegir, no la misma sugerencia genérica para todos. Es la diferencia entre una máquina que apunta pedidos y una que vende, y ahora mismo no hay otro kiosco en España que lo haga.
Aviso al cliente cuando su pedido está listo, por pantalla o por WhatsApp. Se acabó cantar números por encima del ruido y se acaba la gente amontonada en el mostrador esperando.
Cobro con tarjeta en el propio kiosco, con el terminal de pago que te instalamos nosotros conectado a tu banco, para que el cliente cierre su pedido sin pasar por caja.
Carta traducida hasta a doce idiomas, que en zona de turismo le quita a tu equipo media jornada de hacer de intérprete.
Integración con tu TPV. Foodlus no es un TPV ni quiere serlo: se conecta al que ya tienes para que los pedidos entren en tu sistema de siempre y no acabes con dos cajas descuadradas al cierre. Puedes comprobar el tuyo en la lista de TPV integrados con Foodlus.
Instalado y funcionando en una semana, con la carta montada.
Y una cosa que decimos siempre: con un kiosco basta para empezar. Ponlo, mide un par de meses de verdad y luego decides si amplías. Tienes el detalle completo en la página del kiosco de autoservicio de Foodlus.

El kiosco propone la bebida que encaja con lo que el cliente acaba de elegir. Un camarero que nunca se olvida de ofrecer.
Cinco preguntas antes de firmar nada
¿Quién viene si se avería, y en cuánto tiempo?
¿El equipo está probado con el software que va a llevar dentro, o son dos cosas de proveedores distintos?
¿Está integrado con mi TPV, con clientes reales funcionando?
¿Qué garantía tiene y qué cubre exactamente?
¿Puedo cambiar precios y platos yo mismo, sin depender de nadie?
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cuesta un kiosco de autoservicio?
Depende de la gama. Por debajo de 1.500 € encontrarás equipos que a la larga dan problemas; entre 2.000 y 3.000 € está la gama de trabajo; y de unos 3.000 € en adelante, la gama alta homologada. A eso hay que sumarle el software, que va por cuota mensual, y la instalación.
¿Merece la pena empezar por uno barato para probar?
Es lo que más veces sale mal. Si el equipo falla, la conclusión que sacas no es "he comprado mal", es "los kioscos no funcionan en mi local", y descartas la idea por culpa de la máquina. Sale mejor empezar con un kiosco bueno que con tres malos.
¿Hay financiación?
Sí. Se puede comprar el equipo, ir por cuota mensual o financiarlo. Lo hablamos según lo que te encaje.
¿Qué comisiones os lleváis de los cobros del kiosco?
Ninguna. El terminal de pago lo conectamos con tu banco, así que las comisiones de cada cobro son las que ya tienes negociadas con él y nada más.
¿Tengo que buscarme yo la máquina por mi cuenta?
No. Te llevamos el software, el hardware y el terminal de pago, y lo dejamos todo funcionando junto. Un solo interlocutor.
¿Cuántos kioscos necesito?
Con uno basta para empezar. Mide qué pasa con tus colas y tu ticket medio durante un par de meses y decide después.
¿Funciona sin internet?
No. Necesita conexión, y recomendamos siempre cable en lugar de wifi: el wifi de un local lleno de móviles ajenos falla justo en hora punta.
¿Tengo que cambiar de TPV?
No. Se conecta al que ya tienes.
¿Y si se avería?
Depende del proveedor, y es de las cosas más importantes que preguntar antes de firmar. Lo que te interesa es que vaya un técnico a tu local, no que te atiendan solo por teléfono.
¿Y los clientes mayores, sabrán usarlo?
El kiosco no obliga a nadie. Quien prefiera pedir en barra, pide en barra. Lo habitual es que el kiosco absorba a los que tienen prisa y te libere el mostrador para atender bien a quien quiere que le atiendan.
Ven a verlo antes de decidir
Todo esto se entiende mucho mejor con el kiosco delante. En una demo te enseñamos las gamas, cómo funciona la venta cruzada con una carta como la tuya y cómo entran los pedidos en tu TPV, y salimos con un número cerrado para tu caso.
Agenda una demo con nosotros y lo vemos con tu carta y tu local encima de la mesa.
Escrito por Arnau Rosell, CEO de Foodlus
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